miércoles, abril 20, 2005

Aric, el Paladín caido

Epílogo:

En lo más profundo del infierno hay una estepa helada donde ni siquiera las calderas del mismísimo diablo calientan, es un lugar árido y lóbrego donde las almas de aquellos que han cometido los crímenes más atroces son atormentadas por la eternidad. Más allá de los atormentados por sus crímenes contra los niños hay un páramo helado en el cual se encuentran aquellos que vendieron su alma a los poderes oscuros, en una de las praderas heladas Aric se encuentra de rodillas, en el suelo helado, tiritando, no por el frio, sino por algo mucho peor. Sus gritos de desesperación se oyen por todo el valle y entre los propios vigilantes de la estepa se murmuran chismorreos sobre la procedencia del, en su día, Paladín del Altísimo Señor, innombrable en estas tierras de condenación.

Aric está atado al suelo por gruesas cadenas que lo mantienen postrado de rodillas, en la misma ridicula y deshonesta posición en la que murió, sus muñecas no sangran, pues su sangre está helada, hielo puro en las venas del paladín caido.

Pero su mayor tormento se encuentra en su cara, sus ojos, cegados de toda visión, son la fuente de su tormento. Unos ojos lechosos que no pueden ver el presente pero a los que se les ha otorgado la visión del futuro de la vida del condenado si no hubiese vendido su alma a los señores oscuros.

Por la vista de Aric pasan imágenes, escenas de un amor, algo casi idílico y eterno, un sueño en vida, fruto del cual nacería una preciosa niña, que traería a su vida dolor y amor, dolor por la pérdida de su amada y amor incondicional hacía su única y adorada hija. Imágenes recurrentes de Aric y su niña, ya convertida en mujer con el paso del tiempo, yendo cada año de forma puntual a la tumba de su esposa y madre, a depositar una flor, roja como la sangre derramada en tantas batallas libradas por el Paladín. Una película a todo color que muestra como Aric envejece y su eternamente joven hija viven y conviven durante largos años hasta el día en que la muerte, una muerte dulce y acogedora, sobreviene al paladín y el Altísimo Señor le acoge en su reino de paz.

Trozos de vida pedidos, recuerdos vívidos de lo tarde que comprendió
aquellos ojos almendrados que le miraban desde el interior de la muralla de Curlayn mientras él batallaba contra las fuerzas del Ser Hueco aquella tarde. Cuan tonto había sido al pensar que ella lo quería delatar, que ella notaba el mal de su alma, pero fue demasiado tarde cuando comprendió que aquella mirada no era de odio, sino de amor, un amor que podría haber salvado su oscura y condenada alma humana.

Las manos de Aric se cresparon sobre las congeladas cadenas que le ataban al suelo, sus brazos se tensaron y reclinando la cabeza hacía atrás, a la vez que sus ojos, ciegos y sin embargo videntes, se elevaban hacía los cielos del mismísimo infierno, profirió un grito como jamás se recuerda en las praderas heladas, un grito de desesperación y de perdón que, según cuentan las viejas leyendas, pudo ser oido por la que estaba destinada a compartir vida con el Paladín Renegado mientras dormía muy lejos de alli...en el mundo de los vivos...

2 comentarios:

Lukar dijo...

No estabas ni siquiera de rodillas... stabas tirado en el suelo como un perro cuando te mató alguien que sólo pasaba por alli...

NIGHTMARE dijo...

es una posicion de grandesa, ya que al estar de rodillas es simbolo de suplicas y arrepentimiento, pero como alguien puede sufrir mas que otros y padecerlo etnernamente.